:O
Fuente: bebop-x-rocksteady
Una yegua
Fuente: eatsleepdrawMore retro stuff here !
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Sibylline Meynet 2012
Shile :D
Oh look it was a 6.5 earthquake…
Chile: “yeah so what”

The rest of the world: “OMG WE’RE GOING TO DIE!”

#TrueFact!.
(vía isaxlove)
Fuente: jesslovescarrots

Fue difícil despedirse de la familia que se quedaba en Tierra. Se aprontaba la salida del transbordador cuando recién asomaba el sol tímido, calentando poquito con los rayos que apenas alcanzaban las cabezas.
El viaje fue rápido, casi de teletransporte y apenas recordaba si llevaba lo necesario para sobrevivir en la Luna. Sí. Allá llegué yo. Contenta y radiante a ser una nueva pobladora de la colonia lunar.
Las nuevas aleaciones de “férrito nitroso” cubrían los domos de la base como el material del futuro, prometedor en resistencia y liviano para transporte.
Las telecomunicaciones eran escasas, pero se hacía lo que podía. Lo esencial era tecnología 3g, y se había pensado en aquello. Dos amables robots te ofrecían por sólo $500 pesos la oportunidad de comprar un equipo -cubierto del famoso férrito nitroso- que cumplía todas tus necesidades turísticas, hacer check-in en foursquare, ver el perfil de facebook, twittear comentarios dicharacheros y fotos geniales, que son obvias en la genialidad del lugar.
El otro robot te ofrecía códigos QR A $100 para recargas de minutos de llamadas a larga distancia (¡jajaja!) multimedia y navegación.
Tenías que acostumbrarte a que el lugar era genial, que las ambientaciones dentro de los domos-invernadero solían recordar a los parques de la Tierra. Que el cielo era azul, era celeste. Que el material el futuro es el férrito-nitroso.
Había que acostumbrarse, porque los transbordadores llegaban cada 6 meses a la Luna. 6 meses donde no te podías permitir extrañar. Donde soportar significaba un enorme avance para la humanidad y la misión de colonizar era la gran misión de esperanza para la Tierra.
No fue terrible. No lo fue tanto ya que encontré compañía. No lo fue tanto porque las telecomunicaciones ayudaban.
Existía un lugar especial. Un gran domo natural formado por la formación rocosa del lugar que ayudaba a la mejor recepción de las señales entre la Luna y la Tierra. Pero había algo extraño que nadie se cuestionaba y eran los dos ascensores que atravesaban verticalmente el domo. Cuando alguien preguntaba por ellos, alguien siempre respondía “ya estaban allí cuando llegaron”. Y tienen una particularidad: cada vez que bajan, lo hace con un clon dentro. Una persona exactamente igual a ti. A veces sólo de un ascensor, a veces de los dos y otras veces jamás lo hace para alguien.
Nadie se preguntaba el por qué, el cómo, el quién. Simplemente eran.
Bajó un ascensor, conmigo dentro. Se abrieron las puertas y me miré, me sonreí y me fui, no sé a dónde y no me importó. Bajó el otro ascensor, conmigo adentro de nuevo, pero niña. Me miré y me sonreí. Me llevé de la mano a las máquinas. Elegí un snack-mix y comimos yo y yo viendo el atardecer sobre la Luna y sobre la Tierra. El cielo negro y estrellas, el musgo de los invernaderos, el domo con gente metida en sus twitts. Sonó el celular.